CAMELA:
DE LAS GASOLINERAS AL NUMERO UNO
Su nuevo álbum «revienta»
las listas de éxitos con 300.000 copias
vendidas en dos semanas
En dos semanas, Camela ha vendido más
de 300.000 copias de su último disco,
Amor.com, lo que catapulta al grupo hacia
el primer lugar de la lista de álbumes
más vendidos en España, por
delante de otros superventas, como Rosana,
Dover o Björk.
Sus amores imposibles, los sollozos y los
corazones partíos continúan
teniendo un gancho inagotable entre todo tipo
de públicos. Los detractores también
se cuentan por miles, nadie se proclama neutral
cuando se habla del trío madrileño.
Pero lo cierto es que la fórmula funciona;
con éste, suman siete álbumes
publicados y un puñado de discos de
platino en las paredes de sus casas.
Miguel Angel Cabrera, compositor de los temas,
atribuye el éxito a las letras: «Todos
los artistas interpretan canciones de amor,
pero Camela hace historias de amor. Sólo
Pimpinela se parece a nosotros». Los
adolescentes se identifican con el dolor y
el desengaño de los protagonistas de
los temas.
Si a estas letras se une un órgano
que fabrica melodías pegadizas para
escuchar en casa o en el coche a todo volumen,
el resultado es la technorumba. O technosaladillo.
Aún no hay una etiqueta que determine
el estilo innovador del grupo. Ni la banda
ni los críticos han solucionado ese
problema, aunque el trío se decanta
por llamarlo technocamela.
Los de San Cristóbal de los Angeles
(Madrid) son protagonistas de un auténtico
sueño americano en versión ibérica.
Dioni, Miguel y Angeles empezaron su aventura
un poco a lo tonto, como si fuera un juego.
Tres chicos de barrio que deciden grabar una
maqueta y hacer unas cuantas copias para cedérselas
a un amigo que se dedica a la venta ambulante.
«Las primeras grabaciones sonaban mal,
el teclado y los medios técnicos eran
limitados. Nuestro sonido era callejero, como
el de los que tocan en las plazas con el órgano
y la cabra», explica Miguel.
La cosa funciona, así que hacen otra
ristra de copias y, como se siguen distribuyendo
de forma inesperada, una discográfica
los contrata para editar un disco. Lo demás
viene rodado. Miles de discos vendidos, la
mayor parte en las estaciones de servicio,
donde se forja la leyenda de Camela.
Cinco álbumes después, dan
el salto a una multinacional. Nuevo vestuario,
sesiones de maquillaje y entrevistas con medios
de comunicación serios. El universo
Camela ha cambiado, pero Angeles se va de
copas con los amigos de toda la vida, Dioni
aún conduce la vieja furgoneta que
compró antes de dedicarse por completo
a la música y Miguel Angel vive cerca
del barrio de San Cristóbal donde se
conocieron. Son los mismos de siempre, gente
sencilla, sin delirios de grandeza.